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domingo, 7 de octubre de 2018

A mi ya no me “berra”


Casi diariamente visito a Cris en mi paseo en las tardes, esta semana bajando por la Corga del Convento me encuentro como muchas veces, en la época donde el frío y la noche escasean, con el Sr. Álvaro, persona entrañable con la cual intercambio unos buenos minutos de tierna conversación, mayormente sobre los pelegrinos, sus trabajados bastones en reflejo alegórico de nuestro brillante y divino “Camino de Santiago”. Y yo como ambiguo errante caminante, disfruto de una maravillosa contrición dibujando sobre mi figura un reflejo maravilloso de tanta enseñanza donada por Cristina.
Pero a lo que voy, los momentos que tanto disfruto con mi querido Sr. Álvaro resultaron un día de esta semana cargados de alegría, cuando me recontaba (pasado el primer cuarto de las 7 de la tarde) que su esposa lo llamaría para calmar un estómago que ya en estas horas vespertinas se ve necesitado. En concreto uso los siguientes términos para referirse al particular: “ya luego me berra” a lo que le contesté con un impulso desordenado y totalmente falaz: “a mí ya no me berra nadie”; su cara se volvió compungida, a lo que yo inmediatamente sonreí y le hablaba como contradiciendo a mi corazón que sangraba dolor humano, que personas como el Sr. Álvaro supuran con tanto cariño.