Celebramos hoy las bodas de Oro, el día en concreto es el 8, de Virginia y
Antonio, los padres de Cristina, mis queridos suegros. En su casa sigo
sintiéndome como si Cris estuviera viva en cuerpo, acompañados de sus primos
Suso y la siempre maravillosa María, disfrutamos de momentos magníficos.
Virginia y Antonio, con sus más y sus menos, con sus diferencias, siguen
respetando el sacramento del matrimonio como buenamente pueden. Siguen
manteniendo viva la llama del Amor y siempre van a tener un trozo de manjar del
uno para el otro. Siempre me he sentido muy bien tratado, acogido y amado por
ellos los dos. Como ya tengo contado, Cris los ha dejado con sus casas bien
arregladitas para transitar dignamente en esta última etapa de senectud; siempre preocupada de la
precaria salud de su madre, de su Filo, siempre atenta a la vida, un tanto
ácrata, de su padre Antonio y siempre rodeándolos de Amor. Y es que Virginia y
Antonio, con sus diferencias, siempre mantienen el amor por encima de todo.
Hoy, IV
domingo del tiempo ordinario, tenemos en la 2ª lectura la carta a los Corintios
del “Himno al Amor” de S. Pablo, en verdad es como subirse a una nube y
disfrutar de sublime epístola, y en esa nube tan cálida y mullida en amor, hoy
estuve como en un estado numinoso, como casi tocando el cielo, como casi
tocando a mi esposa y a su hija inmortal.