Ayer, 9 de marzo, Cris cumpliría 48 años, en verdad que yo pienso a cada
momento en ella, pero confieso que existen momentos en los que uno sufre su
pérdida humana con mayor desdicha, que no tiene porque sucederme en una fecha
en concreto, pero en este caso si ha coincidido. Como tengo comentado, Cris
tenía “tarifa plana” de la vida, la amaba tanto que para ella no había grandes
diferencias de un día para otro, excepto si la persona que tuviese a su lado en
ese momento, necesitara un extra de sus virtudes, Cris ofrecía de corrido lo
mejor, toda ella era un dulce amor.
Y concretamente con sus celebraciones, como su cumpleaños, no existía un
gran cambio del día anterior y con el día posterior, los celebrábamos sin
faustos ni oropeles, como Cris sentía su vida, sencilla y al mismo tiempo
grande, paciente y al mismo tiempo rauda, tranquila y al mismo tiempo vigorosa,
triste y al mismo tiempo fiesta. Cristina volteaba situaciones y buscaba lo
mejor para todos. Recuerdo como con tanta paciencia afrontaba situaciones que
para muchos de nosotros serían un desagüe de desdicha, por ello no dejo de
vivirla, de buscar su LUZ, para que me siga enseñando a ser mejor humano. En tantas
ocasiones pienso que, como Jesús murió para salvar a la humanidad, Cris murió
para salvarme a mí, de una vida cargada de vicios espurios , de anhelos
bizantinos que no hacen más que provocar simpleza en el contenido de uno. Son estos
momentos que intento transmitir con tanta luminosidad, solo una divinidad como
Cristina puede provocar ponerme la piel sensible, el corazón abierto, los ojos
llenos de increíbles lágrimas cargadas de bello amor y todo ello tan luminoso,
porque desde el Cielo Cris sigue ofreciéndonos su bella sonrisa.