Buscar a Cris me resulta muy sencillo, es cierto
que hace aún poco tiempo, menos de cuatro años (18 de octubre de 2015), que nos
dejó y aún por encima practico tanto estar cerca de ella, pensar y vivirla que
solo le puedo pedir a Dios me permita hacerlo con todas mis facultades mentales
hasta el encuentro último.
Me imagino a Cristina en su alma, como será esa
divina e idílica vida, sus quehaceres y vida diaria que la mantengan vivaz y
sonriente. Puede que me lleve una desilusión, son momentos en que la fe que
profeso con Cris eterna se me caen, dejándome desnudo, casi en la impotencia de
escribir esta reflexión. Me anego entre tanta lágrima, y como salvándome de
fallecer ahogado aparece una y otra vez su LUZ, como cuando estaba aquí
cuidando de mí, de mis manías, de mis defectos y de mis pecados.
Me siento sumergido en un mar de contradicciones,
decía San Agustín:
“Soy un enigma para mi mismo,
Abismo grande es el hombre”
Y me surge el bullicio vibrante que ella tenía, y
me viene a la mente una enamorada de D. Juan Ramón Jiménez, a la que le compro sus
epítetos largos en hermoso enamoramiento.
“Eres casi perfecta, pero el casi que no lo es
perfecto de ti.
Yo lo quiero como al otro”