Celebramos ayer los 25 años de casados de mi
hermana Elma y su marido Israel. El sacramento del matrimonio es un encanto, y
vivir sus hitos más importantes rodeado de toda persona que pueda darte cariño
y alegría es estar en un edén. La presencia de Cris era viva, Cris adoraba a mi
hermana; cuando se vio fenecer la llamó por teléfono buscando el amparo de alguien
en la que confiaba su desgraciada salud humana.
Cristina contenía un largo sentimiento de amor en
este matrimonio, me llenaba de largas y especiales charlas, como preciosos
poemas que describen, se paran y jubilean el puro amor. Lo que nos enseñaba Cristina
es a buscar lo lindo de cada humano, y a ello le sacaba brillo y más brillo,
convirtiendo cada encuentro, cada espacio en común en un exquisito sabor.
Lo de ayer ha sido muy bonito, unas setenta
personas festejamos y adornamos unas Bodas de Plata en las que Cris se dejaba
sentir, se palpaba su corazón tan lleno de amor, como cuando se le apagaba y
pedía el auxilio de su querida cuñada.