Me encuentro en San Pelayo rodeado de amor y paz, en verdad no quisiese
hablar tanto de mi, me gustaría que alguna amada persona escribiese en este
libro alguna palabra. en la que Cris viviente en espíritu nos llena siempre de
su sonrisa y amor. Os pido perdón por caer con tanta frecuencia en mi persona,
pero quiero transmitiros que todo ello es reflejo de Cris, como dice mi poco
creativo aforismo: “Cris el Sol, brilla en mi como Luna voluntariosa”.
Con permiso y agradecimiento retomo mi encuentro con Cris en este hogar de
San Benito, me regocijo en su presencia, tratando de mantener vivo su figura
humana, para tocar mi alma y mi corazón en su jugo divino. Es con ello con lo
que encuentro la vitalidad en su permanente búsqueda de la enorme felicidad de
amarla en profundidad, si cabe llevando la penitencia de no haberlo hecho, lo
suficiente, en su vida humana.
Te quiero en lo más profundo de mi corazón, y Dios me acerca, me transmite
tu gozo que nunca abandonas. Ni en tu muerte humana fuiste egoísta, capaz de
quitar dolor, te fuiste silenciosa; en un sufrimiento que la muerte por embolia
pulmonar prohíbe el sereno y feliz sosiego de un ser vivo. Como tú eres,
silente en tus penas que congelaban tu ser, solo viviente para dar amor y alegría
con una sonrisa que tu corazón producía, y que jamás me abandonará pero jamás
veré en carne. Mientras me encuentro unido a este humano mundo, Esposa inmortal
llevaré tu corazón allá donde más lejos pueda. Ignoro si el egoísmo de mi
siempre triste organismo, arrastra mi apática voluntad de vivir en nuestro
mundo humano, que trato de elevar con toda tu Luz.
Me reitero en lo que atrás contaba, mis disculpas si estas palabras y todas
las reflexiones en general provocan halos de presunción, no es ello el objetivo. Y si es el objetivo que en todo Cris es
belleza y jamás abandonaré contárselo al
mundo.
Te quiero Amor eterno