En La Casa de Cristina se respira su olor, un olor que no percibe mi nariz
pero si lo hace mi corazón. Corazón que dejó lleno de amor, y ahora alimenta
desde un lugar gozoso junto a tantos humanos que ayer en el día de los fieles
difuntos recordamos.
Es cierto que a Cris no la tengo en su cuerpo,
tan lleno de energía como de amor verdadero y
transparente.
Es cierto que a Cris la tengo en el recuerdo,
Un recuerdo que llena mi memoria
de tanto amor recibido, de tantos valores
regalados.
Es cierto que a Cris la tengo viva en su espíritu,
es orarle al Señor y ver su rostro sonriente,
es ver a un vecino y ver a una persona querida,
es vislumbrar una celebración y verla saltar de
alegría,
es ver una necesidad y buscar como cubrirla,
es ver una luz y sentirla en su esencia.
Es cierto que a Cris la siento muy cerca.
Amarla para sentirme querido, sentirme en el
cielo.
Es cierto que a Cris jamás la tocaré,
pero lo más cierto de todo
Jamás dejaré de amarla