A los pocos días del fallecimiento humano de Cristina, me decía una amiga
que sentía sus pápeles, sus cosas en la oficina, se notaba cada huella en el
escritorio, su cabello caído en el suelo, sus detalles y notas para no
olvidarse. Cuanto amor me transmitió en su enternecedor relato. Es evidente y
cierto que mi objetividad se escapa en la búsqueda de tanto amor recibido,
fruto de ello sería iluso no pensar que describo tanto y todo tan magnífico que
se pueda deducir como exagerado. De verdad razono y llego a la conclusión de
que esto no es ficción, ni demasiado exagerado en la esencia de tanta grandeza.
Cris tenía defectos claro: su vehemencia en la defensa de lo que ella considera
una injusticia, su baja objetividad, su idealismo en cuanto a justicia
social,…, y no veo, me quedo ciego ante
tanta Luz, puede que yo sea el que fuerza el sentido real para llevarlo a donde
más quiero. Lo que si puedo jurar es que jamás he querido y quiero tanto a
nadie. Lucho para que sus huella no se escurran de mi corazón herido, herido y
cicatrizado de tanto amor y a buen seguro que no de dejará de bombear:
“TE AMO CRISTINA”