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domingo, 17 de noviembre de 2019

EL ORIGEN. El regalo que Dios me tenía preparado (XV)


En 1996 seguía estudiando, me encontraba en cuarto de Ingeniería Superior Industrial. Cris siempre quería lo mejor para mi, se sacrificaba horas y horas trabajando duro para mi libertad. Durante este año se traslada de piso, abandona el que tenía en la calle Gregorio Fernández para irse a uno en la Calvo Sotelo, a una casa unifamiliar con dos pisos, de la señora Manuela, viuda reciente que yo ya conocía de niño, cuando acompañaba a mi madre a casa de las hermanas, que eran modistas. En aquella casa vivió durante cinco maravillosos años, y viví con ella los fines de semana, y siempre que podía me quedaba con ella. Fue 2006 un año maravilloso, si es cierto con el sufrimiento de unos estudios que no me gustaban y que por tanto me hacían sufrir más de la cuenta, y encontraba el consuelo en una persona increíble, abnegada hasta la extenuación dejaba su esfuerzo en un amor que me daba y que yo jamás imagine pudiese existir.

Durante el verano de 1996 íbamos por las tardes a andar en bicicleta, bien con los amigos Cris y Manolo de la Ceca ó bien con mi hermana Begoña. Yendo con Bego, por el desvío del Polígono de San Julián da Veiga, los tres en hilera y Cris delante, en una de estas le digo “acelera” y la pobre siempre haciéndome caso, imprime con todas sus fuerzas impulso a sus piernas, y ella que nunca fue dicha de habilidad,…, cruza el manillar y sale por los aires por encima de la bicicleta, impactando su brazo derecho y su cara contra el asfalto. Lo típico en Sarria, urgencias en el ambulatorio: ”no tiene nada”, pero el inmenso dolor nos lleva a la Residencia. Así añadimos un sufrimiento más a su larga vida de sufrimiento, escayola, cabestrillo y muchas, muchas secuelas en codo y muñeca que tardaron en ser abortadas. Ella incluso con este hándicap, no cejaba en ser dichosa y feliz con su amor, que he recibido y siento indescriptible en su belleza.

Gracias, Gracias Cristina. Sabes, mi egoísmo sigue intacto y te sigo suplicando por tu amor de este modo, y lo siento, lo vivo y me sigo alimentando de tanto regalo.