Encontrar
la Paz es un tesoro magnífico, cuando uno se encuentra en paz, paz plena,
poderosa que te embarga sosiego, tranquilidad, se obtiene el punto de partida
para ser feliz y estar predispuesto a la ayuda desinteresada y fraterna,
encontrar en definitiva la plenitud humana. Los caminos que pueden llevarnos
hacia ella son varios, su base consistente se arma con el reconocimiento pleno
y sincero de que somos imperfectos, tanto el yo como los otros mis hermanos
humanos, en algún momento fallaremos, evidente cuanto menos buscado mejor que
más quisiéramos. Pero atentos a nuestro arrepentimiento contrictivo y los otros
a la misericordia del necesitado. Cristina no dejo buscar la paz, de perdonarme
en toda su vida pegada a mí, salvo momentos en que su impronta, aunque fútil
furia (hasta en eso era plena), no la dejaban recibir, en su corazón platónico,
el amor verdadero. Buscaba siempre la paz, ayudando a sus amigos y a los menos
amigos a encontrar la mejor de las soluciones, nunca desfalleciendo salvo
cuando sus limitaciones alimentadas por su mala salud la dejaban fría y
retorcida en dolor. Aún con ello a sus espaldas y poco antes de fallecer, se
dejaba su bondad en la ayuda fraterna a una amiga necesitada y poco agradecida.
Una virtud que se suman como tantas otras a su Ser, y de la que Cris derramaba
sin demasiado esfuerzo.