Ayer estuvimos comiendo, nuestro ahijado Jorge y yo, en casa de mi suegra
Virginia. Todo tan entrañable y lleno de ternura, que me encontré con un
tesoro. Un regalo fantástico, con por un lado a Jorge con sus 8 años y por otro
a la madre de Cristina con sus 80, y yo con mis 49 rodeado del cariño tierno,
inocente y limpio de un niño, que razona tan buenamente como puede con su breve
formación y desarrollo, y por otro una señora de 80 años que derrochó trabajo y
amor en la crianza de 4 hijos y que desde que me conoció, no ceso en derramar
sobre mi, amor y más amor.
Filo, Filito, como cariñosamente le llamaba su hija Cristina, llevó una
alegría increíble cuando vio la presencia de Jorge. Y este, con la propia
bisoñez de un niño, pero con un corazón desarrollado que deja entrever el
coraje y el amor de su madrina, mayormente cuando le arengaba “Campeón”,
“Campeón”…, en su lucha por sobrevivir al haber aspirado meconio y líquido
amniótico en su nacimiento. La energía cargada de amor que Cris portaba en sus
entrañas, reaparece en forma de un niño cariñoso, tranquilo, sensato y cargado
de Amor.
Las lágrimas de Filito me salpican con alegría y se mezclan con las mías,
resolviendo una especie de erupción que Jorge brota de manera espontánea y
natural, al manifestar que nos encontrábamos cuatro en el almuerzo: Virginia,
yo, él y su MADRINA CRISTINA, que con toda razón mantenía: “SIEMPRE ESTÁ
PRESENTE CON NOSOTROS”.
Que maravilloso regalo Dios no cesa en ofrecerme. Amor, Amor y más Amor
emana de Cris, sin agotarse en tantas y tantas personas que no desfallecen y me
invitan a gozar de la presencia eterna y siempre viva de Cris.