Pages - Menu

domingo, 29 de diciembre de 2019

La Sagrada Familia


Celebramos hoy un día que hace grande el Amor entre humanos, proveniente del Amor existente en esa familia de Nazaret que recién estrena paternidad del niño Jesús, buscó en Belén un lugar donde dar a luz a su hijo, el primogénito encarnado de Dios. No quiero, ni pretendo que parezcan palabras hechas, con un sentido paternalista y manidas en discursos y homilías. Lo que pretendo mostrar es la importancia del amor familiar, en el se sustentará toda una sociedad que formaremos la gran familia de hijos de Dios.

Después del amor que nos une a Dios, el amor conyugal es la “máxima amistad”. Yo con Cristina lo he sentido y vivido con gran intensidad; siempre en su búsqueda del bien mío, intimo, tierno, estable. Nuestra unión matrimonial no pudo tener descendencia, pero ha sido y permanece en una exclusividad indisoluble, que se expresa en el proyecto estable de compartir y construir juntos toda la existencia. Nuestra unión que cristalizó en la promesa matrimonial para siempre, es más que una formalidad social, es una alianza que reclama fidelidad, ayuda, generosidad, comprensión, paz, alegría y amor. Con su ayuda y ante nuestro Padre, nos casamos  con unos determinados compromisos, sobremanera con la firme opción de pertenecer el uno al otro.
Ha sido tal la maravilla que he encontrado, que sigo amando a mi esposa Cristina con un amor puro, un amor joven, un amor que Cris no deja de alimentar desde su Espíritu, que se vuelve tan cálidamente acogedor en sus brazos, en su pecho inmenso en bondad y dulzura. Desde esta humilde y pequeña, en número, unión matrimonial, queremos reflejar que no existe nada más maravilloso y extraordinario que formar una familia que busque el amor de nuestro creador; aportar y extender toda riqueza al resto de humanidad y al mismo tiempo permanecer abiertos con corazones humildes a recibir tanta riqueza de tantas y tantas uniones matrimoniales. Que magnífico Sacramento.

¡¡¡Viva la Familia¡¡¡