La generosidad de los Reyes Magos me hace volver los ojos a Cristina. Ella
que en tantas y tantas ocasiones se presentase la oportunidad, no dudaba un
segundo en apartarse de su camino y abandonarse a otro, en auxilio de un
necesitado, en compañía de un cualquier ser con todo su amor y sin más interés
que disfrutar de tan increíble corazón.
En su sangre corría alegría, en su sangre corría el amor; sin saber cuál
era el mayor de cualquiera de los dos, yo que tuve la inmensa suerte de recibir
tanto de mi Amada Inmortal, veo que extraordinario es poder dar cariño en
cualquiera de sus múltiples maneras. Con apenas dinero y a base de mucho
esfuerzo llego a juntar para regalarme un reloj Lotus en nuestra primera noche
de Reyes Magos en 1990, era una marca muy de moda en aquella época y su corazón
me ofrecía todo y más, como siempre hizo en toda su vida humana.
Todo lo que suene a amor, a nostalgia, a melancolía, al fin a recuerdos me
encanta. Y no deja de ser por mi Cristina, cuantas veces me dio tanto amor y yo
envuelto en el mismo trato de hacer algo, pero se me escapa como una gacela en
plena carrera rápida. Que esta noche llena de generosidad entre nosotros sirva
para disfrutar de lo maravilloso que puede ser un humano, yo puedo presumir de
poder recibir lo más maravilloso que una persona puede esperar, una esposa
llena de amor a rebosar que disfrutaba dándolo y regalándolo hasta quedarse
vacía; poco antes de su muerte humana se acordó de invitar por última vez a su
amigas Carmen y Sina, no cejaba ni muriédose. Confieso se me hace dura esta
travesía y solo deseo estar cerquita de ella, para mí y que Dios me perdone y
no sirva de ejemplo por favor, esa será la maravillosa noche mágica.