Recibir con gozo y plenitud el amor de Cris implica presar atención a la mirada del sentimiento en su recuerdo, en su memoria y en su alma. Amarla es mucho más que recordarla. Amarla es volver sobre tierra ya pisada para reparar en su mirada, en su soleado corazón y reparar en plegarias nuestra imperfección. Amarla es integrar en nuestra experiencia esa experiencia que nos habla como ella siempre nos habló, con ejemplo en su obra y silencio en su vanidad. Amarla es permitir que nuestra pequeña obra se expanda en su extenso templo. Amarla es dejarnos cubrir por su calor, que nos abrigue, nos estremezca, nos sorprenda, nos lleve al camino del Amor. Amarla es abrazar su alma para dejarnos subir a su alegre sonrisa. Amarla es permitir su mimo. Amarla es visualizar su mirada y disfrutar su dulce olor. Amarla es pedir que nuestra conciencia palpe con esmero su recuerdo. Amarla es regalarnos ese murmullo sordo de la paz. Amarla es albergar su seno transparente y brillante en el día y en la noche, en la luz y en la oscuridad, siempre permanente. Amarla es ponerle alas a nuestras mentes y viajar a su encuentro de su fantasía, de su niñez.
Vuelen alto estar letras hasta que lleguen a su mirada, donde allí se encuentre permítaseme llorar, sonreír, besar, abrazar, acariciar y verla feliz en su tempo. Amarla es Amor.
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