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domingo, 28 de marzo de 2021

EL ORIGEN. El regalo que Dios me tenía preparado (XVIII)

Cristina vivió en Calvo Sotelo nº 197 desde 1996 a 2001. Me gustaría recordar en este momento, para seguir con una ordenada diacronía, el año 1999, especialmente por la grandísima relación de cariño que teníamos con la Señora Manuela.  Manuela  era la señora que le alquilara el piso a Cris, era una casa familiar de dos pisos, en la cual Manuela vivía en el primero y Cristina en el segundo. Era un piso soleado, con todas las estancias provistas de ventanas al exterior, muy acogedor y por aquel entonces enfrente aún no había ningún edificio.

En aquella casa pasamos Cris y yo momentos inolvidables, era todo cariño y alegría, momentos bellos llenos de magia y dignos de enmarcar en mi vida. Jamás olvidaré cuando llegando de Ferrol, volviendo con infinita ilusión,  un viernes sobre las 14.30h, subiendo por la escalera, me inundó un olor, que jamás lo he vuelto a percibir, que desprendía una costilleta de ternera de casa, era de Rio, la cual inundaba toda la escalera y me hacía saborearla con inmenso placer. Y allí estaba Virginia, por aquel año pasara una larga temporada con Cristina, preparándonos el almuerzo con inmensa dedicación y sobre todo con enorme amor. Cris me esperaba haciendo cosas, como siempre infatigable al esfuerzo, en medio de un precioso día primaveral de mayo y en un hogar repleto de alegría y cándido de amor.

Muchas noches la Señora Manuela subía al piso de Cris a cenar y charlar largo tiempo, la recuerdo infatigable relatando increíbles historias, que toda persona de cierta edad va acumulando en su periplo humano, en medio de la melancolía, media nostalgia y repleta de dulzura, pasión y amor.

Recuerdo la llegada de Ana de sus estudios en A Coruña, para pasar el verano, escuchándola subir por las escaleras, acompañada de su inseparable amiga Sara, con el jolgorio propio de dos chicas de 23 años, llenas de vida y con enorme ilusión por el verano que se venía lleno de emociones, fiesta y diversión.

Recuerdo tanto a Cris que no podría caber en mi mente humana, no tanto para recordarla sino para como merece recordarla. Que verano tan precioso de aquel 1999.

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