Ver a
Cristina como un lucero de vivacidad, cariño, ayuda y disponibilidad no es difícil
para los que conocimos, vivimos y disfrutamos su vida terrena. Solo echad un
poco de memoria, y verla venir desde la distancia, con su caminar, su
cabello,.., pero sobre todo con su sonrisa envuelta en algo que te mostraba que
estabas ante una persona muy especial; a que era verte y pararse, o cuando
menos saludarte como si de un lucero se tratase. Claro que si eso lo percibiéramos
unos pocos, sería más o menos normal, pero con Cris éramos muchos.
Que mejor
homenaje que nosotros intentemos practicar ese ejercicio con la mayor asiduidad
posible, recordadla para que esa LUZ no se apague, siga siendo nuestra LUZ.
La Luz que vino al mundo un 9 de marzo de 1971, en esta efemérides Dios, a
todos nosotros, nos regalo un tesoro. Este año lo celebraremos en la Iglesia de
San Paio de Antealtares de Santiago, ciudad a la que tanto quería.
Vivamos su LUZ, nuestra LUZ, porque para ella todos éramos LUZ.