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domingo, 22 de marzo de 2020

Ayudémonos los unos a los otros


Estos días los humanos estamos sufriendo un momento difícil, un virus nos pone “patas arriba”, y nos desconcierta tanto que en no pocas ocasiones nos deja vislumbrar grandes corazones. Y nos ha tocado en la Cuaresma, pero no debemos confundirnos, el Señor no nos ha mandado tal penitencia. El nos contempla libres en la tierra y solo espera que nuestros corazones se unan en el bien, y unidos en oración (manera de comunicarnos con El) encontremos la alegría y la paz de corazones repletos, que solo, y en ciertas ocasiones, se encuentran medio paralizados, inundados en nuestra creencia del ser autosuficiente y sobrado de todo.

Que alegría me produce poder acercarme a Cris con tanta ternura en este momento. Conociendo a Cris, os puedo asegurar que en esta situación estaría muy nerviosa, no era su fuerte el afrontar incertidumbres, pero sería toda ayuda, toda paciencia, toda compresión.
Su marido, su Filo, su gorrión, sus hermanos,…, sus seres queridos le provocarían un estado de cierta intranquilidad. Recuerdo cuando en el terremoto del 22 de mayo de 1997 a las 01.50 horas, yo en Miño y ella en Sarria, a través del teléfono, fijo en aquel momento, le oía con una voz temblorosa, pero a la vez cargada de enérgica protección: “tranquilidad, tranquilidad”, y como sacando fuerzas de su inmenso corazón se mantuvo al teléfono un rato para interesarse por mi e informarme, antes de abandonar la casa, en Matías López de aquella, en busca de  un espacio abierto.
Aquellos recuerdos maravillosos de su preocupación, su amor dado a todos en momentos de gran tensión y dificultad; os aseguro me ayudan a encontrar paciencia, compresión y ayuda a los demás en estos otros. Estos sentimientos de cercanía a Cris nos hacen mejores, porque de ella solo recordamos lo que solo podía ofrecernos, mucho amor, mucho amor.