Contemplo con absoluta ternura el cuadro de Renoir, y me
veo subido a un mundo de ensueño. Como Cristina Renoir sufre de artritis, esto hace que su trabajo
tome otro sentido, el dolor le hace sentar cabeza, y las pinturas se comienzan
a empapar de un realismo nunca visto. Renoir comprende al fin
que la realidad sin alterarse es también bella, que las imperfecciones hacen
contraste con las perfecciones, y es en esa diferencia donde se encuentra la
belleza. Nace en el pintor el deseo de vivir su realidad. Avanzado en años
siguió pintando incluso teniendo que atarse el pincel a la muñeca por
los dolores de la enfermedad. Este amor se puede percibir en
la delicadeza de las figuras y la alegría que se manifiesta
en todos sus trabajos. De la misma manera siento yo en el dolor por el
fallecimiento de Cris ese amor que cubre mis debilidades, que me hace ver con
alegría nuestra vida humana, la siento tan profundamente que encuentro
felicidad en todo lo que me transmite, sus valores, su belleza, su verdad.
Y veo que en torno a los personajes se despliegan
diversas gamas de verdes , mostradas por los rojos y blancos de algunas flores
, así como por la dorada luz solar que se infiltra entre las hojas. El tapiz
vegetal absorbe los contornos de las figuras , que aparecen unidas de forma
natural al medio que las rodea .
La dama viste un ligero traje blanco que cobra
irisaciones azuladas , con el cual contrasta la oscura indumentaria de su
acompañante. El ambiente del cuadro sirve para subrayar las relaciones emotivas
y sensuales que existen entre sus personajes . Un examen detallado pone de
manifiesto la espontánea técnica de ejecucion de Renoir, su peculiar manera de
enlazar las amplias pinceladas que describen convincentemente las calidades de
los ropajes, sin cubrir por completo la imprimación del lienzo , que desempeña
un importante papel expresivo.
Renoir no se detiene en la descripción de los detalles ,
sino que esboza las formas con manchas de color que definen tan sólo sus
perfiles principales. Las manos enlazadas de la dama y el caballero son, por
ejemplo, una simple nota de color que contemplada a distancia ha de sugerir con
realismo la presencia de unos dedos que no han sido individualizados por lineas
de contorno . Por otra parte, el carácter espontáneo y abocetado del cuadro se
halla atestiguado por el cambio de idea patente en la mano izquierda del
caballero , que Renoir situó en principio en una posición más adelantada que la
definitiva , sin preocuparse luego para ocultar la linea de dibujo.
Me veo
tal cual, el personaje sombrío y menos brillante, ante Cristina imponente, cuya
beldad se percibe a los pocos segundos de contemplar el cuadro, cuya bondad se
palpa, cuya limpieza se ve en su alma. Yo solo puedo contemplarla para buscar
mi luz, y es en ese paseo donde recurro para no perderme y poder seguir la guía
que me vela, que me enseña, que me orienta.